“La Sexología ha pasado por tres etapas: una fase multidisciplinar; una fase interdisciplinar y la fase de futuro, que es la fase disciplinar.
Las dos primeras fases, siguen activas en buena medida.
La multidisciplinar, de alguna forma, se plasma en el troceado disciplinar que, desde diferentes campos, urología, psicología, psiquiatría, etc., y desde una visión eminentemente clínica, se plasma en una pelea de apropiación de una parte de la disciplina, elevándola a esencial o nuclear. Sexología Médica, Psicología Sexológica, Medicina Sexual, etc., pugnan por liderar la sexología.
Unos en nombre de la capacidad para manejar fármacos, exploraciones y tratamientos, exclusivos de la medicina. Otros en nombre del carácter dominantemente cognitivo de los problemas sexuales, y por tanto, exclusivos de la sexología.
Y ambos intentan ningunear las bases socioculturales del hecho sexual humano, o reducirlo a un complemento necesario.
Lo multidisciplinar sigue siendo un problema, simplemente porque todavía no se ha comprendido, la integralidad del hecho sexual humano, y que ninguna otra disciplina puede asumir la sexología, simplemente adjetivándola.
No se ha asumido, que la figura del profesional de la sexología, lejos de ser una amenaza, es un valor añadido, para otros profesionales, y que los otros profesionales son necesarios, desde su disciplina, para profesional de la sexología. Por eso Efigenio Amezúa, ha propuesto el concepto de Sexología Sustantiva.
Claro, que evitando adjetivar la sexología, la volvemos a adjetivar. Pero salvo este detalle contradictorio, la propuesta podría ser asumible. ¿Por qué no Sexología, y punto?
Claro, que luego, como ocurre con la Medicina o la Psicología, luego caben en su interior todo tipo de adjetivos. Sexología Médica, Sexología Clínica, Sexología Comunitaria, etc. Especializaciones dentro del campo de la Sexología.
La interdisciplinaridad, ha sido y sigue siendo un hecho necesario, para poder llegar a la tercera fase. A la vez que necesario, puede ser a la vez una amenaza y una fortaleza. De hecho, al intentar construir la disciplina, la interdisciplinaridad es un camino a recorrer. Y, de hecho, se está recorriendo desde hace tiempo. Por otro lado, cabría que preguntarse ¿qué ciencia no es interdisciplinar?” (Lucas M. 2019. Manual de Sexología Comunitaria)
Ahora la fase disciplinar se encuentra en plena construcción. De alguna forma el Instituto de Ciencias Sexológicas, de Efigenio Amezúa, fue impulsor doctrinal de esta concepción de la Sexología como disciplina.
Aunque realmente, lo doctrinal no se ha traducido en acciones concretas, posiblemente por reticencias, miedos, posiblemente no descabellados, y un cierto ensimismamiento, centrado en una obsesión de asepsia aislante.
Pero en 2003, un grupo discípulos, y profesores de INCISEX iniciaron un camino posiblemente no tan aséptico, fuera del cobijo doctrinal del INCISEX, sin perder la perspectiva de una Sexología como ciencia, como una disciplina con entidad propia, sin apellidos, pero perdiendo la asepsia, y asumiendo riesgos.
El objetivo de institucionalizar la Sexología como disciplina y como profesión, guiaron a este grupo de profesionales de la sexología, al que se unieron otros, no provenientes de INCISEX. Y lo han hecho desde la Sociedad Española de Intervención en Sexología (S.E.I.S.)
En logro principal fue que, en el año 2007, dentro de la formación oficial de postgrado, el gobierno andaluz, en plena Semana Santa, aprueba el primer Máster Oficial en Sexología en la Comunidad Europea. Es el primer título oficial de postgrado, a la vez investigador y profesionalizador, con acceso directo a una línea doctoral en Sexología.
Título al que tenían acceso graduados en medicina, enfermería y psicología, y que luego se abrió a grados relacionados con la educación, aunque sin ningún componente clínico. Luego se internacionalizó hacia América Latina. Más tarde, una universidad privada en Madrid, la Universidad Camilo José Cela, abrió otro Máster Oficial en Sexología, liderado por otro grupo de alumnos y profesores de INCISEX.
Es decir. El paso en Europa se ha dado, y concretamente en España. El paso hacia la institucionalización académica de la disciplina sexológica. Primero porque, aunque la formación no es de grado, que sería quizás el siguiente objetivo, es de postgrado, y es oficial, y al ser así, se impulsa a los recién egresados de esta formación, a realizar su doctorado siguiendo la estela de su trabajo de fin de máster.
Y todo esto se traduce en investigación sexológica. Y la investigación que es el único camino para consolidar una ciencia y una disciplina. Una disciplina que tiene como objetivo el estudio y la investigación del Hecho Sexual Humano. Todos los aspectos de sexología adolecen de una importante ausencia de investigación. Tanto los entusiastas de cualquier aspecto específico de la Sexología, deberían hacer una seria reflexión sobre la necesidad de la investigación sexológica.
Si analizamos las publicaciones científicas al respecto, nos percataremos de que cuando Efigenio Amezúa tituló a una de sus conferencias “la insoportable levedad de la Sexología”, estaba cargado de razón. Y después de muchos años seguimos cargados de razones, para poder reeditar, sin ningún tipo de matices, ese titular.
Un reciente estudio (Parrón T. 2014) realizado en la Universidad de Almería, así lo demuestra. Este estudio, aún no publicado, fue presentado por Tesifón Parrón, médico, doctor en Epidemiología, profesor y metodólogo de investigación, en esta universidad, en el año 2014, en Punta Cana, República Dominicana en su incorporación a la Academia Internacional de Sexología Médica (A.I.S.M.)
En este estudio se analizan las investigaciones publicadas en revistas científicas de impacto, desde 1943 a 2013, y las investigaciones relacionadas con la Sexología, solo admiten comparación con alguna enfermedad rara, como la granulomatosis de Wegener. Mientras que, por ejemplo, estudios sobre hipertensión, encontró 386.510, o sobre cáncer, 3.004.178, sobre Sexología encontró solo 9.153, en cifras muy parecidas a las de enfermedades raras.
Resulta altamente llamativo que sobre una ciencia que estudia el hecho sexual humano, que tanta trascendencia tiene sobre la vida de las personas, y también sobre su salud, las investigaciones publicadas, alcancen unas cifras solamente comparables a enfermedades, que tienen una escasísima incidencia sobre la población.
Cierto es que, en un futuro, con la incipiente, y esperamos que progresiva, institucionalización académica de la Sexología, el número de investigaciones aumente, y además lo haga no solamente centrada en la farmacología de la salud sexual, sino en otros muchos aspectos, clínicos, y por supuestos en aspectos sociológicos, educativos y epidemiológicos.
Y esto último será posible con el desarrollo de la Sexología Comunitaria. No existe ciencia sin un “corpus doctrinae”. Y para ello la investigación, es absolutamente imprescindible.
Pero, también en esta etapa de construcción de una disciplina sexológica, el fantasma de la multidisciplinaridad está presente, incluso entre los que hemos impulsado el camino hacia una disciplina única. Posiblemente porque, aunque durante todos estos años, hemos conseguido mirarnos unos a otros como profesionales de la sexología, nuestras procedencias no dejan de ser diferentes, y también nuestras dedicaciones cotidianas.
Y esto larva cierta tendencia a esa multidisciplinaridad, que abre continuos debates, ciertamente enriquecedores, pero a la vez, como obstáculos en el camino. Por ejemplo, el mayor o menor peso de algunas materias en la formación en Sexología. Más o menos clínica, más o menos educación sexual, más o menos aspectos médicos o psicológicos, más o menos bases socioculturales, etc.
Este sería el estado de la cuestión. Y posiblemente sería interesante abrir un nuevo camino, una nueva opción, que entre a formar parte de estos enriquecedores debates, sobre la formación en Sexología, y también sobre las diferentes áreas de trabajo en el ejercicio profesional de la Sexología.

Manuel Lucas Matheu. Presidente de la SEIS