En el campo de la intervención comunitaria en sexualidad, los reduccionismos dominan el panorama, y la causa fundamental es la falta de formación en sexología de los actores implicados, tanto de quien los programa, como de quien los ejecuta, en esta intervención, aparte de una visión cultural de la sexualidad, genitalizada y procreativista. 

Hasta ahora la intervención comunitaria en sexualidad se le ha llamado educación afectivo-sexual, o salud sexual y reproductiva, y se ha centrado en los jóvenes, y en lo puramente preventivo. 

La llamada educación afectivo-sexual, aparte de la trampa semántica ya comentada, es en la mayor parte de las veces, una argucia para “dulcificar” propuestas. Pero en demasiadas ocasiones, no se corresponde con los contenidos reales, orientados sobre todo a la prevención de embarazos no deseados, y de enfermedades de transmisión sexual, donde paradójicamente, lo afectivo, tan enfatizado en el titular, queda totalmente relegado en el contenido.

Tanto el término educación afectivo sexual, como el de salud sexual y reproductiva, contribuyen a un concepto reducido de la sexualidad. El primero, haciendo una dicotomía entre lo afectivo y lo sexual, y el segundo uniendo, lo que hace miles de años, quedó claramente diferenciado. Y el contenido preventivista, tiene un potencial estigmatizador de la sexualidad, como algo peligroso. Sexualidad igual a peligro. Y también, de alguna manera, se está estigmatizando a la juventud, centrando toda esa acción preventivista en ese grupo etario. 

Por tanto, en una intervención comunitaria sobre sexualidad, es necesario reconsiderarlo todo: objetivos, semántica, contenidos, población diana, metodología, formación de los actores implicados, y sobre todo, la concepción reduccionista y genitalizada de la sexualidad, que de alguna manera, lo preside todo.

Por otro lado, también la Sexología ha de salir del discurso, de más o menos clínica. La Sexología es la Sexología. Y la sexología clínica es un área importante de la Sexología. Caer en el mismo proceso de progresiva tecnicidad que la práctica médica cayó, y que generaría la pérdida de una percepción integral y armónica de la persona sexuada, olvidando su importante dimensión socio-psicológica, íntimamente ligada a su salud y bienestar.

Pero mirar la Sexología desde los problemas y las patologías, se puede parecer a lo que sería confundir el alcoholismo con la enología. Si lo exclusivamente preventivo, es equiparar la sexualidad a peligro, lo excesivamente clínico es equiparar la sexualidad a problema.

Es decir, la Sexología no es solo un lugar, donde encontrar un taller de reparaciones. Puede serlo, pero también puede ser un lugar, donde encontrar una fábrica de bienestar sexual. Y sobre todo la Sexología es ante todo un lugar de conocimiento, reflexión, de estudio y de investigación. Es decir, la Sexología es una ciencia. Una ciencia que estudia el hecho sexual humano, en todas sus dimensiones. Pues bien, entre los muchos cajones que podemos abrir, para disfrutar, estudiar, investigar, aplicar y ayudar, dentro del gran armario sexológico, es el que contiene las claves para construir una fábrica de bienestar sexual, que ayude a las personas a vivir el hecho de ser personas sexuadas, sexuales y eróticas, en toda su amplitud y de todas sus posibilidades.

Y en ese cajón está el contenido, que ya otras disciplinas, como la medicina, la enfermería y la psicología, desarrollaron. El ámbito comunitario. La Sexología Comunitaria. No es solamente educación sexual. Es además intervención en la comunidad con programas de apoyo y consejo. Es formación interpares, o de los profesionales implicados. Es investigación, y por supuesto, también prevención. Es dotar de conocimientos para aumentar la capacidad de elección. Es participación y corresponsabilidad. Es autocuidado y cuidados. Es intervención es grupos de riesgo. Es contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas. Es fabricar bienestar.

Realmente, como pasó en su día en el ámbito sanitario, la intervención comunitaria, se ha venido realizando desde la Sexología, bajo diferentes paraguas: “educación afectivo sexual”, “promoción de la salud sexual y reproductiva”, etc., con todas las salvedades ya comentadas. Otras también, con menos salvedades. 

Pero, falta una acción comunitaria integral e integradora, para todos los grupos etarios, para todos los grupos de riesgo, para los padres y madres, personas mediadoras, personas cuidadoras, profesionales implicados, etc. Y que esa acción se estructure desde la evidencia científica, y se realice por profesionales, formados en la ciencia que estudia el hecho sexual humano; la Sexología. Y, desde un área específica de ésta: la “Sexología Comunitaria”.

MANUEL LUCAS MATHEU. PRESIDENTE DE SEIS